PRECAUCIONES PARA TOMAR EL SOL
Una vez más salud y belleza van unidas, cada vez son más las personas que sufren cáncer de piel, con la llegada del verano y del sol son muchas las barbaridades que se cometen por querer conseguir una piel morena y en muchos casos en tiempo récord.
Si este verano tu no te la quieres jugar y seguir luciendo una piel sana y bonita, no te saltes ninguna de las precauciones que hay que tomar bajo el sol.
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No te expongas al sol si te has dado el mismo día una sesión de rayos UVA, si te has realizado un tatuaje recientemente o algún tratamiento de belleza como la depilación, tanto láser como cera. Siempre seguir las indicaciones de los especialistas.
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Antes de tomar el sol hay que aplicarse la crema protectora, unos veinte minutos antes de exponerse al sol.
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Mejor evitar las horas de mayor radiación, entre las doce y las cuatro de la tarde.
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Después de cada baño aplicarse de nuevo el protector solar y cada dos horas, ya que va perdiendo eficacia.
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No tomar el sol con joyas, podrías sufrir una reacción alérgica.
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Cuidado si estás tomando algún medicamento, la piel está más sensible y pueden salirte anti estéticas manchas o sufrir alguna reacción.
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No utilizar productos que contengan alcohol pueden producirte una reacción alergica o deshidrataciones.
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Los días nublados también hay que utilizar protector solar ya que la radiación solar alcanza igualmente tu piel.
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Beber agua para mantener hidratado el cuerpo, bajo el sol el cuerpo transpira más.
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Nunca tomar el sol si se han tomado bebidas alcohólicas, podrías sufrir una insolación.
Un buen consejo es exfoliarse la piel antes de la aplicación de la crema solar para una mejor absorción, así conseguirás un bronceado más bonito, homogéneo y duradero. Y por supuesto mucho más sano.
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¿Se ha preguntado alguna vez por qué hay vida en la tierra? La
habitabilidad de nuestro planeta se debe en gran medida a las
condiciones ambientales que nos proporciona el sol. Esta fuente
inagotable de energía nos aporta la cantidad justa de luz y
calor que necesitamos.
Pero sepamos algo más del “Astro Rey”: situado a casi 150
millones de kilómetros de la tierra, emite de modo constante al
espacio radiaciones electromagnéticas. A la superficie de
nuestro planeta sólo llega una pequeña parte de esta radicación,
que será la formada por la Radiación Infrarroja, la Radiación
Visible y la Radiación Ultravioleta.
- Radiación IR: produce calor y, en altas dosis, puede provocar
insolaciones, pero no causa daño a la piel.
- Radiación visible: constituye la luz tal y como la vemos a
través de nuestros ojos.
- Radiación UV: aunque en pequeñas cantidades sea esencial para
que nuestro organismo desarrolle algunas funciones, es
responsable de importantes cambios cutáneos. Esta radiación se
puede dividir a su vez en tres grupos con efectos diferentes:
* UVA: responsable de reacciones a más corto plazo, como
bronceado inmediato, quemaduras solares, reacciones de alergia
al sol, envejecimiento prematuro (arrugas y manchas
pigmentarias), y cáncer de piel.
* UVB: con efectos acumulativos y a más largo plazo, como
síntesis de vitamina D, bronceado duradero, quemaduras solares,
envejecimiento cutáneo, disminución de las defensas de la piel,
conjuntivitis y cáncer de piel.
* UVC: Son los rayos más peligrosos, pero son retenidos por la
capa de ozono de la atmósfera, sin llegar a alcanzar la
superficie terrestre.
Aunque, como hemos dicho, el sol emite todas estas radicaciones,
la intensidad con que llegan a la tierra varía dependiendo de un
gran número de factores:
- Hora del día: entre las 12 y las 16 horas la intensidad de la
radiación solar es máxima.
- Altitud: los riesgos de daño solar se incrementan con la
altura. Así, cada 300 metros que ascendemos por una montaña, la
radiación se incrementa en un 4%.
- Estación del año: En verano las emisiones solares llegan a la
tierra con máxima energía.
- Condiciones atmosféricas: aunque con los días nublados no
percibimos la sensación de calor porque las nubes retienen la
radiación IR que la provoca, el 90% de los rayos UV las
atraviesa, con lo que el riesgo es casi el mismo que en un día
despejado.
- Reflejo en superficies próximas: la radiación solar que nos
llega directamente desde el sol se suma a la que recibimos por
reflejarse en todo lo que tenemos cerca. Según el material y su
color, las superficies cercanas pueden reflejar hasta el 80%,
como la nieve, o el 20% como el agua o la arena.
- Zona del planeta: en países próximos al ecuador, la radiación
se hace más intensa.
La piel: nuestro escudo.
Aislándonos de toda esta radiación, los humanos tenemos el
órgano más grande y pesado del cuerpo: la PIEL.
La piel, además de protegernos de agresiones del exterior,
decide qué sustancias, vía tópica, pueden acceder a la sangre
(permeabilidad selectiva). Mediante mecanismos como la erección
del vello o el simple hecho de ponernos colorados, es capaz de
regular nuestra temperatura. La piel, además, mediante los
receptores del tacto nos permite sentir si algo es suave,
blando, húmedo o frío. Pero, sobre todo, la piel “habla de
nosotros”, juega un papel fundamental en nuestra imagen, es
indicador de salud, de higiene e incluso de posición social.
Todo esto es motivo suficiente para extremar nuestros cuidados y
evitar los daños que la piel pueda sufrir. Y es el sol, sin
duda, uno de los peligros mayores a que podemos exponerla con
consecuencias tan graves como:
- Eritema solar: conocido comunmente como quemadura, aparece
entre las 6 y las 24 horas posteriores a la exposición solar, y
su gravedad depende de la intensidad de la exposición y del
color de la piel de la persona.
- Alergias solares: son erupciones y picores que pueden aparecer
tras una exposición al sol prolongada y sin protección, y que
dejan a la piel sensibilizada para exposiciones en años
venideros.
- Envejecimiento cutáneo: los rayos ultravioletas generan
radicales libres que alteran el colágeno y la elastina de la
piel. Esto origina cambios poco estéticos como flaccidez,
arrugas, manchas pigmentarias, tejido engrosado, ...
- Fotoinmunosupresión: las defensas de la piel frente a las
agresiones externas disminuyen, dejándola desprotegida ante
infecciones cutáneas como hongos o herpes.
- Cáncer cutáneo: el melanoma es un tumor maligno que se
desarrolla a partir de los melanocitos (células que sintetizan
la melanina responsable del color de nuestra piel), como
consecuencia de exposiciones solares muy intensas y reiteradas,
sobre todo en los primeros años de vida.
Pero por suerte, nuestra piel dispone de una serie de mecanismos
de defensa frente a estas agresiones solares:
- Engrosamiento cutáneo: la piel aumenta de grosor dificultando
la penetración de la radiación UV a capas más profundas.
- Barrera de melanina o bronceado: la piel, frente a la
radiación solar, reacciona activando a sus melanocitos para que
sinteticen melanina, el pigmento que colorea nuestra piel y
protege a las células absorbiendo la radiación.
- Secreción de sudor: el sudor contiene una sustancia, el ácido
Urocánico, capaz de captar una pequeña parte de la radiación
recibida.
Actualmente, los hábitos de vida hacen que estos sistemas de
protección natural no sean suficientes. Las frecuentes y
prolongadas exposiciones al sol a que nos sometemos cada verano,
hacen que debamos completar la protección de la piel con métodos
de fotoprotección artificial.
Los fotoprotectores.
Los fotoprotectores o filtros solares son sustancias que,
aplicadas sobre la piel, reducen la penetración de la radiación
solar y disminuyen sus efectos nocivos.
El FPS o factor de protección solar, es un índice que mide la
eficacia de los fotoprotectores. Cuanto mayor sea el FPS de un
producto, más alta será la protección que ofrece frente al sol.
El valor de FPS indica cuantas veces más puede resistir sin
quemarse una persona al sol si se da protector solar, que cuando
lo hace sin ponerse protección. Así, un individuo capaz de estar
10 minutos al sol sin presentar eritema, utilizando un FPS 6,
podría aguantar 6 veces más, o sea, 60 minutos.
Pero no debemos olvidar que el Factor de Protección se mide en
condiciones de laboratorio, con una cantidad generosa y
constante de crema aplicada de forma correcta, y que existen
varios métodos científicos para determinar este valor que dan
resultados diferentes en un mismo producto. Por eso el FPS sólo
debemos usarlo como un dato orientativo para comparar la
eficacia de los distintos filtros.
Las condiciones de uso reales son bastante distintas de las
condiciones teóricas; la sudoración, la cantidad de producto que
aplicamos y la forma en que lo repartimos, reducen el efecto del
filtro solar.
En la actualidad existen en el mercado 3 tipos de filtros
solares que encontramos aislados o combinados para mejorar sus
resultados:
- Filtros físicos: forman sobre la piel una película impermeable
a la radiación. Aunque estéticamente no sean muy atractivos
porque dejan aspecto blanquecino, son bien tolerados por la
piel.
- Filtros químicos: absorben la radiación transformándola en
energía inofensiva. Son más estéticos, pero en pieles muy
sensibles (niños), pueden dar reacciones.
- Filtros biológicos: aunque por sí solos protegen poco, son un
complemento de los otros dos tipos y aumentan su eficacia.
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